miércoles, 8 de marzo de 2017

Instinto

La niebla me ha ayudado mantenerme alerta, la falta de aire y el frío me ponen al límite siempre, es casi imposible hacer una fogata con la leña por la humedad, la bruma está por todos lados. De todo lo que me ha pasado aquí hay algo que nunca voy a olvidar: El enfrentamiento contra las bestias. Una era inmensa, grotesca y torpe, la otra más pequeña, fina y escurridiza, ambas eran feroces y temibles, se complementaban como si la cacería hubiera sido inventada por ellas dos, una no es una sin la otra. La forma en la que se movían parecieran como si fueran una misma bestia, acechando a la presa, jugando con ella, probando su capacidad y dejando que el miedo se expanda en la atmósfera. Y ahí estaba yo frente a la bestia, eran una misma, ellas se alimentaban de este ritual, una sincronización perfecta.

Nunca fui bueno en la cacería, tampoco en el mano a mano, ya había peleado antes, un par de veces, un par de moretones y rasguños, labios rotos y ojos morados, alguna vez una o dos costillas, nada que el tiempo no curara, pero siempre salía bien parado. Nunca estuve realmente seguro de que era lo que hacía bien o mal al momento de pelear, puede ser que mis ganas de vencer o las de no salir herido, podría ser cualquiera. Pero ahí estaba yo, parado en medio de la niebla con las dos bestias acechando, danzando a mi alrededor, esperando la oportunidad, mi descuido; y ocurrió.

La más pequeña se lanzó contra mi brazo derecho, mi reflejo fue subir la guarda del brazo derecho, y la mordida acertó, justo en el antebrazo, muy cerca de la muñeca, se prendió de él, y con sus garras desgarraba parte de mi codo, la sangre empezó a brotar sin control debido a la adrenalina y el miedo que sentía. Aunque estaba aferrada a mi brazo, le golpeé el hocico incontables veces hasta que me soltó, dio un salto hacía atrás y luego hacia un lateral para volver a colocarse en posición de acecho; pero yo no veía a la bestia grande. La había perdido de vista y no podía ser posible, era demasiado grande como para perderle de vista, fue cuando intenté dar un paso atrás y para mi sorpresa sentí la nariz húmeda de la bestia grande, una respiración forzada y a la vez exaltada, era su momento de dar el golpe contundente, sentí su garra atravesar mi espalda, gran parte de ella, seguida de una embestida. Cayó sobre mi, segregando saliva, una muy espesa, relamiendo sus dientes, saboreando la sangre de mi brazo. Ahí estaba yo, apunto de morir, lleno de miedo, no había nada que pudiera hacer, estaba acabado, el miedo era lo único que tenía, el tiempo corría lento, y no era mi vida la que pasaba frente a mis ojos, sino que veía imágenes de las bestias, una y otra vez, pero en lugares en los que nunca las había visto, innumerables momentos, ellas estaban ahí, aquí fue donde me pregunté ¿Será acaso que me estaban acechando desde hace tiempo? ¿Podría ser esto posible?. No podía comprenderlo, sentía miedo, resignación, impotencia, sentía dolor... Un momento, ¿Dolor? ¿Realmente sentía dolor? ¿Pueden comprender el significado del dolor? El dolor significa que estas vivo, si sientes dolor es porque estas vivo, eso pensé, estoy vivo.

Lo demás fue poca cosa,girar y zafarse de la bestia grande. Cuando lo logré la pequeña arremetió a toda velocidad contra mi, estando aún en el suelo se me dificultó el ponerme de pie, pero lo logré, me eché hacía un lado y logré esquivar a la pequeña, la grande volvió para embestir y la embestí con todas mis fuerzas, en el forcejeo logre sostenerla del cuello, montándola al final, la pequeña se detuvo. Ambas sabían que lo estaba intentando, aún si tener oportunidad alguna, no me había rendido.

Entrañar, extrañar

Era verdad, ellos me lo dijeron, ya no la vería más. 

Habían pasado un par de semanas, quizás más del mes, yo había asumido que verla con frecuencia era algo común, y nunca me preocupe demasiado, verla en su momento y a deshoras, hablar poco y hacer como que no es la gran cosa. Pero todos me mencionaban que ella ya no estaba, y de pronto me di cuenta, que realmente no recordaba la última vez que la vi, traté de buscarla y no logre nada, no había señales de ella, le llamé y no me atreví a preguntarle, una charla corta y eso fue todo.

Pero hoy la vi, y al fin pude ponerme al día, ambos habíamos logrado alcanzar nuestras metas y propósitos de a poco, ella sonreía, no por estar feliz de verme, sino de que al fin, podía verme como un igual, yendo con más seriedad, cuidándome, con las ideas claras. Al fin pudo sacarse la preocupación de encima, su trabajo estaba hecho, ahí estaba yo parado escuchándola hablar, en el fondo no trataba de mi, si no de lo que ella era capaz de lograr.

Hoy fue un buen día, todo tiene sentido.

martes, 21 de febrero de 2017

Madurando

Dormir de día vivir de noche, sentir la luna cantar de alegría concebir la idea del derroche de la locura; dulce y sombría Casarse con la idea de crecer, crecer y madurar en este mundo, este mundo de los que creen merecer la felicidad más allá de lo absurdo Madurar para tomar el día a día con responsabilidad Para sentar cabeza, y encontrar una buena rutina dejando de lado todo por obtener una formalidad y así aprender a vivir como un hombre, de por vida.

El toque de Midas

El llegar a comprender lo grandioso que es la vida, las personas, los animales, los insectos incluso las plantas y varios microorganismos, todo ellos están vivos y todos son tan delicados... Existe un orden natural, todo es uno, uno es todo, la supervivencia del más apto, ¿No es así?

Pero yo no lo comprendo, heridos de muerte desde que nacemos, y muy así, que cualquiera puede acabar con la vida de otro ser vivo. Y ahí estaba yo, bajo la fría noche, viendo como su mirada moría, viéndome fijamente, con el toque de Midas, muchos se lo hubieran lamentado, pero yo no, en el fondo, lo disfrutaba.

sábado, 11 de febrero de 2017

Desde que te fuiste

He contado los días desde que te fuiste, el cambio fue tan repentino que lo negué; tarde siete días para darme cuenta que el daño era irreversible... Supuse que sería algo pasajero, que iba a ser algo de tira y afloja, pero cada día iba perdiendo la esperanza.

Al principio nadie hablaba de ello, incluso ahora todavía no lo hacen, solo hay una persona que pregunta siempre por ti, y yo siempre digo que vendrás la próxima vez, nadie puede imaginarme a mi sin ti detrás mío, uno no es uno sin el otro.

Volviendo a la esperanza, que era lo único que tenía en la cabeza, ahora solo tengo resignación, voy comprendiendo mi nueva realidad, ya no me volverás a felicitar por mi trabajo a cada medio día, pensaré en que no vale la pena esforzarme, pero la verdad es que es lo único que me queda, pensar que todo sigue igual.

La tristeza de no poder hacer ni la mitad de lo que tu hacías, eso es lo que me tiene abajo, como sierra cortando el árbol desde abajo, de un tajo sin problemas, no hay un reemplazo, la moral esta baja.

Silvio escribió en su canción 'Mariposa': "Hoy vuelve a ser como la cuarta vez que espero, desde que sé que no vendrás más nunca..." y no puedo evitar esperar que cambies de opinión, de poder inferir un poco en tu inclusión de nuevo, pero nadie escarmienta en cabeza ajena, se respetan las decisiones.

Y hoy, después de todo este tiempo, extraño tu voz llamándome por ayuda.

lunes, 30 de enero de 2017

Enfermar

Estar enfermo es estar jodido, es como cuando se enciende la luz del motor del auto, sabes que algo anda mal y hay que arreglarlo, ojalá todo fuera así de sencillo.

Si mi vida tuviera una luz que indicará que algo anda mal, está nunca encendería, de entrada estaría fundida, y aunque pudiera considerarme hábil reparando cosas no lo lograría, nunca puedo arreglar lo que compete con mi integridad y mi persona.

Te muele, te roba energía y sirve como recordatorio, que ya viene siendo el momento de ser más cuidadoso y prestar atención, si tan solo prestará atención, me evitaría muchos problemas. Nunca sé que decir, las preguntas son como estocadas, trato de esquivarlas, pero siempre acierta alguna, y termino por desangrarme de a poco.

La niebla vuelve

Despertar de un salto, con la respiración forzada, sofocado por la bruma, tan espesa como la recordaba, y la recordaba con su cabello largo, sentada en un banquillo mirandome fijamente, podía sentirlo, estaba enojada, tanto que yo sabía que lo que seguía no iba a ser nada bueno. Tome un segundo, me repuse, volví en mi y me senté a un lado de la cama, mirandola, esperando que ella hablara, pero no lo iba a hacer, me puse mis zapatos y me dirigí a la cocina para buscar algo de beber.

Al volver a la habitación ahí estaba ella, en bragas, su cabello desaliñado y aún enojada, le acerqué el vaso de agua y ella dio un sorbo, lo dejo y por fin comenzó a hablar:
-Eres un imbécil, no lo olvides.
-Vamos, no puedes estar enojada para siempre.
-Tú crees que puedes ir por la vida como si nada pasara, ¿no?.
-Tú sabes que no puedo evitarlo, dejo que las cosas sucedan.
-Entonces, deja que me vaya, no puedo seguir contigo.
-No te puedo obligar, ¿Sabes?
-Eres un imbécil.
-Supongo que eso es todo.
Y así es como terminó todo esa noche, ella volvió a la cama, pero esta vez fui yo quien se sento en el banquillo, y me quedé viendola mientras dormía.

En mi vida volvería a ver un culo así, ni tampoco su espalda, tampoco un cabello tan largo y oscuro, tan libre y profundo, la mirada penetrante. Eras una fiel compañera, pero yo era el mejor en la rutina, llegar a casa, un beso en la frente y esperar la cena, cuando me pedías algo; te lo daba, no pensaba mucho en ti, yo aseguraba que no era necesario, puesto que rara vez había problemas, en el fondo me gustaba no hablar, solo sentarnos después de un largo día de trabajo, recostar nuestras cabezas uno sobre el otro, y suspirar. El alcohol nunca nos ayudo, siempre estaba demasiado borracho como para decirte que te amaba, siempre en el momento perfecto, yo no estaba completo. Pero la verdad es que estaba enamorado, como la primera vez.

Ese fue el último día que la vi, y hoy es difícil pensar en ti.